sábado, 4 de septiembre de 2010

Los leí y me llegaron.

No es que muera de amor, muero de ti
muero de ti, amor, de amor de ti
de urgencia mía de mi piel de ti
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin tí

Muero de tí y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ése,
desgarrago, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire,
para que estés fuera de mí,
y el lugar en el que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltimples estátuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fín, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen,
de atrás, de tí, los que a tí llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos,
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.


No es que muera de amor ... Jaime Sabines









No me des tregua, no me perdones nunca
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante,
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día, saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo.
Lo que nadie te pide: las espinas.
Hasta el hueso; arráncame esta cara infame, obligame a gritar al fin mi verdadero nombre.





Encargo, Julio Cortázar

1 comentario:

Nell dijo...

¡Tanto tiempo! Grata sorpresa encontrar tus letras por el blog...
Así que también has caído en las redes de Cortázar y ese tremendísimo poema... donde su concepción de amor te da vuelta, te patea en el piso y después te besa.

Es genial leerte nuevamente! Espero que sea más seguido, un abrazo grande y nos estamos leyendo, Poeta Muerto! =D